Dos sucias semanas cazando osos con mi socio en la jungla.
Noche de desenfreno en el Lodge, probando humos y pieles.
Empieza a caer el sol. Me despierta el estruendo de la policía entrando en el cuarto.
Mi socio me ha dejado una cama revuelta, un expediente por contrabando y el eco de la resaca aún martilleando en mi cabeza.
Ahora estoy en la cárcel. Tres turnos sin tirar, vaya.

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